El parto pretérmino y la atención psicológica temprana

La Organización Mundial de la Salud (OMS) considera que un recién nacido es pretérmino cuando no ha alcanzado las 37 semanas de gestación y/o superado los 2500 gramos al nacimiento. La importancia de este acontecimiento se corresponde, por un lado, con el incremento de casos en los países desarrollados, siendo del 7,5% en España, y, por otro, por su relación directa con índices de mortalidad y morbilidad infantil.

En tanto que fracasan los programas preventivos dirigidos a reducir el número de partos pretérmino, los esfuerzos se conducen a disminuir los índices de morbi-mortalidad. En este caso, las mejoras en la atención sanitaria han procurado la vida de estos niños, incluso la de los grandes prematuros, disminuyendo la mortalidad. Sin embargo, el incremento de la supervivencia se asocia, paradójicamente, a una elevada morbilidad, especialmente a medida que se reducen las semanas de gestación y/o el peso del recién nacido. La interrupción del proceso normal de desarrollo puede derivar en la aparición de complicaciones a lo largo del ciclo vital del recién nacido y requiere la implicación de diversos profesionales para su seguimiento. No obstante, el alcance del daño dependerá de los acontecimientos pre, peri y postnatales experimentados.

La asistencia sanitaria tradicionalmente se ha dirigido al desarrollo de tratamientos más efectivos para el paciente, en este caso el recién nacido pretérmino, con la finalidad de mitigar las posibles secuelas, pero descuidó durante décadas la atención a los progenitores.

Sea un embarazo programado o no, los padres expectantes alimentan sus ensoñaciones con el hijo deseado desde las primeras conversaciones. Se representan mentalmente en su rol de padres cuidadores y educadores, se imaginan interactuando con sus descendientes, negocian pautas parentales educativas deseables y se idean un hijo con unas características de salud prósperas en el que proyectan multitud de expectativas. Cuando el parto es interrumpido anticipadamente, esas ideas parentales preconcebidas se desmantelan y les invade la incertidumbre sobre el pronóstico, sentimientos de culpa y valoran la situación como estresante, especialmente cuando, concomitantemente a la anticipación del parto, se dan otras circunstancias que hacen temer por la supervivencia del recién nacido o de la madre.

La falta de aceptación de los padres de las características del recién nacido y de las posibles secuelas que puedan instaurarse, puede repercutir en relaciones padre-hijo no deseadas y derivar en el uso de pautas educativas erróneas de sobreprotección o descuido. Es por ello que la intervención temprana en las unidades neonatales comienza a contemplar la implicación de los progenitores en el cuidado de los hijos y atienden a sus necesidades psicológicas y emocionales. La implantación de los programas de Cuidados Centrados en el Desarrollo se sustenta en la noción de que el ambiente extrauterino al que se expone el recién nacido afecta a su desarrollo y, en consecuencia, trata de armonizarlo mediante el control de la luminosidad y los ruidos y procura minimizar la manipulación y el dolor. Adicionalmente, la prestación del servicio sanitario atiende a las necesidades de los padres implicándolos en los cuidados del recién nacido, flexibiliza los horarios de acceso a las unidades de ingreso o alienta el contacto paterno-filial mediante el método canguro o los masajes de presión moderada. Éstos acercamientos comienzan a encontrar evidencia de los efectos beneficiosos en el desarrollo del recién nacido y en el estado emocional de los padres. Sin embargo, y a pesar de que en ningún caso resultan perjudiciales para el menor, aún no cuentan con apoyo suficiente que justifique su instauración rutinaria en las unidades neonatales. Por su parte, los servicios de apoyo y orientación psicológica a los familiares de estos niños suelen ser promovidos desde las escuelas para padres o asociaciones y cuentan con una aceptación favorable. Desde éstas entidades se pretende facilitar apoyo emocional a los progenitores, pautas psicoeducativas de cuidados que los hagan sentir más capaces de afrontar la situación tras el alta hospitalaria y que faciliten las relaciones paterno-filiales, estrategias de afrontamiento y de reducción de la ansiedad, reestructuración de ideas, se les aconseja bibliografía y se forman grupos de apoyo de padres para el intercambio de experiencias. Con todo ello, se pretende satisfacer la necesidad de apoyo psicológico que demandan y facilitar el manejo de la situación.

El reconocimiento del nacimiento pretérmino como un factor de riesgo que puede entorpecer el adecuado desarrollo, la visibilidad y concienciación social de sus consecuencias y la atención inmediata del recién nacido y sus progenitores, es un requisito para procurar un desarrollo más ajustado de éstos niños/as y mejorar su calidad de vida y la de sus familiares.