Adolescentes y TDAH

El trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), caracterizado por dificultades marcadas de atención, exceso de actividad y/o impulsividad no esperables por la edad, es uno de los trastornos del neurodesarrollo más frecuente en niños. Influenciados quizás porque tiene su origen en la infancia y por el impacto que conlleva en la vida académica, en muchas ocasiones al hacer referencia a las personas con TDAH, nos restringimos a los niños, pero este trastorno afecta también a adolescentes y adultos.

      Se plantea que en la adolescencia se produce una marcada disminución de la severidad de los síntomas, remitiendo hasta en el 70% de los casos diagnosticados durante la infancia [4, 6]. Pero las estimaciones de la presencia de TDAH en la adolescencia pueden estar infravaloradas por diferentes motivos, como son: La aparente insensibilidad de los criterios diagnósticos al cambio en la manifestación de los síntomas, asociado a la edad; la dificultad de recabar información fiable del entorno escolar, debido especialmente al cambio en la dinámica académica, así como información retrospectiva sobre la infancia, que también suele carecer de la fiabilidad deseable, para establecer nuevos diagnósticos [9].

            En general, se acepta que la sintomatología hiperactiva e impulsiva (H/I) sufre una disminución más marcada y temprana que los síntomas de inatención [3]. Aunque, la hiperactividad puede ser sustituida por la sensación subjetiva de necesitar estar continuamente ocupado y respecto a la inhibición, es complicado discernir la impulsividad propia de esta edad y la característica del trastorno, que puede conllevar transgredir normas o muestras de inconformismo con las mismas [7]. Por otra parte, el impacto de los síntomas de inatención y el déficit en funcionamiento ejecutivo es mayor que el de los síntomas de H/I, dada su relevancia en el desempeño académico, y se manifiesta, por ejemplo, con elevada distractibilidad, desorganización y tendencia a olvidar tareas o dejarlas inacabadas  [7,10].

      Para los adolescentes con TDAH, esta etapa constituye un punto de confluencia entre las dificultades remanentes de la etapa infantil, las propias de la adolescencia y el inicio de las de la juventud y edad adulta [9].Siempre teniendo presente que NO en todos los casos se presentarán estas características, ofrecemos un listado de algunas de las dificultades que pueden vivir los adolescentes con TDAH en comparación con los adolescentes sin trastornos [2,10,1, 9].

      1. En las relaciones familiares:

  • Mostrarse menos responsivos y/o más hostiles.
  • Evitar más a sus padres.
  • Al establecer la disciplina, los padres pueden oscilar entre ser laxos en unas ocasiones y muy duros en otras.

      2. En las relaciones con los iguales:

  • Compartir menos actividades.
  • Ser menos cooperativos.
  • Participar menos de actividades distribuidas por turnos.
  • Ser más intrusivos, perturbar las interacciones sociales en curso, alardear o hacer payasadas en torno a ellas.
  • Expresar más que sus iguales enfado y frustración, especialmente cuando son provocados.
  • Mostrar menos empatía y culpabilidad.
  • Mayor tendencia a unirse a grupos de iguales rebeldes, especialmente cuando han vivido el rechazo de sus iguales hasta la adolescencia.
  • Más candidatos a ser acosados o convertirse en acosadores.
  • Mayor probabilidad de ser agredidos o asaltados, con armas en la adolescencia tardía y, las chicas, mayor  riesgo de ser agredidas sexualmente.

      3. Persisten las dificultades académicas, con riesgo de abandono de los estudios.

      4. Ajuste personal/social:

  • Baja autoestima.
  • Riesgo de conductas antisociales que incluye las delictivas.
  • Relaciones sexuales:

– Inicio precoz a las conductas sexuales.
– Más compañeros sexuales y menor tiempo con cada uno.
– Más encuentros sexuales ocasionales fuera de una relación.
– Tendencia a menor uso de métodos anticonceptivos, con mayor riesgo de embarazos adolescentes y enfermedades de trasmisión sexual.

  • Mayor riesgo de consumo de sustancias (alcohol, tabaco y/o drogas).
  • Problemas de tráfico

      5. Frecuente coexistencia de otros trastornos que puede favorecer algunos de los aspectos anteriores.

      En cuanto a las funciones cognitivas, aunque el acuerdo no es absoluto, se plantea que los déficits en funcionamiento ejecutivo objetivados en los niños con TDAH están igualmente presentes en la adolescencia [8]. Pero no sólo las funciones ejecutivas se vinculan al TDAH. El estudio de Nikolas y Nigg [5] incluyó medidas de inhibición, memoria de trabajo, arousal, velocidad de procesamiento, variabilidad de respuestas y procesamiento de información temporal, dominios cognitivos que habían sido relacionados con el TDAH en trabajos previos, y analiza la relación de los mismos con los subtipos de TDAH y la edad (además del género). Los resultados indicaron que el subtipo se relaciona más con la severidad de los déficits neuropsicológicos, que con la existencia de perfiles diferentes. Específicamente, las variables de control cognitivo (funciones ejecutivas, memoria de trabajo y span de memoria), arousal y variabilidad de respuesta, contribuyeron a predecir las dimensiones de síntomas específicos y del subtipo (no así el procesamiento de información temporal y la velocidad de procesamiento). Desde esta perspectiva el trastorno se contextualizaría como una entidad dimensional, en que la mayor severidad de los síntomas se relaciona con mayores dificultades a lo largo de la vida en una variedad de dominios cognitivos. Atendiendo a los resultados específicos, los participantes con TDAH de subtipo combinado (cumplen criterios diagnósticos de inatención y de H/I) rindieron peor que los que presentaban subtipo inatento (sólo cumplen criterios de inatención), planteando la posibilidad de que los jóvenes con TDAH de subtipo combinado podrían tener déficits más persistentes en habilidades cognitivas.

       Aunque son necesarios más trabajos que incluyan una variedad de dominios cognitivos para conocer mejor su peso en la manifestación del TDAH a lo largo de la vida, así como estudios que atiendan de forma específica a la adolescencia, estos resultados apuntan a que el conocimiento de los perfiles neuropsicológicos asociados al TDAH y su evolución en conjunto con sus síntomas, puede contribuir a la diferenciación entre las habilidades que puedan presentar un retraso en el desarrollo frente a las que presentan déficits, por no lograrse de forma natural el máximo rendimiento en las mismas.

      Es deseable la integración de los conocimientos sobre el perfil neuropsicológico y la sintomatología, el ajuste de los comportamientos, la autoestima y la adaptación social, y el impacto del primero sobre los demás aspectos. Por ejemplo, el retraso en el desarrollo de la autorregulación que suele suceder en el TDAH, afecta negativamente a la capacidad para adaptarse a los cambios físicos, personales y sociales típicos de la adolescencia, conllevando en algunos casos problemas de autoestima y sociabilidad [10]. Este conocimiento sería útil para mejorar el ajuste de las predicciones sobre la evolución del cuadro y el diseño de estrategias de intervención destinadas a disminuir/compensar las dificultades.

      En la atención a las necesidades de los adolescentes con TDAH puede ayudarnos tener presente cuáles son sus dificultades más frecuentes, para acompañar a los jóvenes en el proceso de adaptarse y comprender los cambios asociados a la edad, así como las particularidades que conlleva el trastorno. El trabajo en habilidades como la inhibición de impulsos en favor de la reflexión y elaboración de las respuestas y acciones a emprender o la flexibilidad en el análisis de las situaciones que se presentan, suele ser la norma para dotar a los niños y adolescentes con TDAH de las herramientas necesarias para desenvolverse en un entorno cambiante y exigente, que a estas edades despliega un catálogo de decisiones a tomar. Lograr una buena autoestima que les facilite un buen estatus desde el que enfrentar esas decisiones y que permanezcan motivados y encuentren sentido al esfuerzo que en muchos casos les supone la apuesta por la carrera académica y/o laboral deseadas, es un objetivo al que familiares y profesionales debemos hacer frente para maximizar los resultados de cualquier intervención o ayuda. Para este fin es de vital importancia que fijemos la atención también en los buenos resultados y las aptitudes y actitudes positivas, realzando su valor.

Referencias:

[1] Asherson, P. (2012). ADHD across the lifespan. Medicine (United Kingdom), 40(11), 623-627. doi:10.1016/j.mpmed.2012.08.007

[2]  Barkley, R.A. (2006). Attention-Deficit/Hyperactivity Disorder: A Handbook for Diagnosis and Treatment. (3rd ed.). New York, NY: Guilford Press.

[3] Biederman, J., Mick, E., & Faraone, S. V. (2000). Age-dependent decline of symptoms of attention deficit hyperactivity disorder: Impact of remission definition and symptom type. The American Journal of Psychiatry, 157, 816-818.

[4]  Hill, J. C., & Schoener, E. P. (1996). Age- dependent decline of attention deficit hyperactivity disorder. American Journal Of Psychiatry; Am.J.Psychiat., 153(9), 1143-1146.

[5]  Nikolas, M. A., & Nigg, J. T. (2013). Neuropsychological performance and attention-deficit hyperactivity disorder subtypes and symptom dimensions. Neuropsychology, 27(1), 107-120. doi:10.1037/a0030685; 10.1037/a0030685.supp (Supplemental)

[6]  Peterson, B. S., Pine, D. S., Cohen, P., & Brook, J. S. (2001). Prospective, longitudinal study of tic, obsessive-compulsive, and attention-Deficit/Hyperactivity disorders in an epidemiological sample. Journal of the American Academy of Child & Adolescent Psychiatry, 40(6), 685-695. doi:http://dx.doi.org/10.1097/00004583-200106000-00014

[7]   Quintero Gutiérrez del Álamo, F.J., Correas Lauffer, J., & Quintero Lumbreras, F. J. (2006). Trastorno por déficit de atención e hiperactividad a lo largo de la vida. (2ª ed.). Madrid: ERGON.

[8]   Seidman, L. J., Biederman, J., Monuteaux, M. C., Valera, E., Doyle, A. E., & Faraone, S. V. (2005). Impact of gender and age on executive functioning: Do girls and boys with and without attention deficit hyperactivity disorder differ neuropsychologically in preteen and teenage years? Developmental Neuropsychology, 27(1), 79-105. doi:10.1207/s15326942dn2701_4

[9]   Sibley, M. H., Pelham, W. E. J., Molina, B. S. G., Gnagy, E. M., Waschbusch, D. A., Garefino, A. C., . . . Karch, K. M. (2012). Diagnosing ADHD in adolescence. Journal of Consulting and Clinical Psychology, 80(1), 139-150. doi:10.1037/a0026577

[10] Wehmeier, P. M., Schacht, A., & Barkley, R. A. (2010). Social and emotional impairment in children and adolescents with ADHD and the impact on quality of life. Journal of Adolescent Health, 46(3), 209-217. doi:http://dx.doi.org/10.1016/j.jadohealth.2009.09.009